segunda-feira, 20 de junho de 2016

Sin armar las palamentas


 Quizá sea una enfermedad…Tal vez la misión de cumplir lo malo que es sentir, está en su trayecto. A muchos veía que eso no lastimaba, pero es que tampoco, por ventura, tuvieron la suerte de conocer personas inolvidables. ¿A quién podría culpar? ¿A las horas que no más le pertenecían? Se descontrolaban y controlaban la vida de las personas como si fuera una uña apretando a la carne de los pies. Hay que adaptarse a los raros momentos. Reinventarse a los treinta y cuatro, edad pos-Cristo. Agradecer por todo y cualquier suspiro porque la vida es el rato más raro que hay. Y extrañar también lo es. Es una mezcla de dolor sin razón propiamente dicha. Venía con la impresión de que iba al hogar más propicio en aquel momento de su vida: al encuentro de su soledad. Un lago, unas cabañas y una vegetación baja tan helada cuanto el invierno de su pecho. Algunas botellas de vino tinto y la sinfonía natural de la cascada cerca del hospedaje de sus pocos días de paz. Era como una villa de los huérfanos del amor. Pocas personas habitaban " San Pepe de los Ausentes". La naturaleza rellenaba el vacío de tantos meses y deletreaba la palabra: s-o-l-e-d-a-d. Suplió aquella indeterminada gana de acompañarse. Sola  con sus chanclas sin par. Solitaria porque el destino se perdió de sus pies en la carretera antes avistada. Las trayectorias fueron de repente desviadas por el acaso ( o por el destino?). Todo que cabía dentro de sí eran palomitas para mirar la película de su vida que pasaba como una dramática novela mejicana. Hoy en el cuarto día, lloraba hecha lluvia. Regaba todo pensamiento y lo transformaba en una pequeña pelota. Llevaba su calle imaginaria, donde era la caminante deseable. Dueña de todos sus versos y aspiraciones, nadie podría sacarla de aquél hogar que solamente a ella le pertenecía. El sueño de robar barcos iba a donde nadie transitara y siempre era recurrente. Hasta que un día, sentada frente al lago escuchó una voz que parecía invitarle a un paseo. Empezara entonces una charla informal y profunda sobre su vida pretérita e imperfecta. Después de dos horas y tantos consejos salió con la cabeza llena de sugerencias .Ahora era hora de poner en práctica toda teoría que la vida le ofrecía; seguir sin esperar por el viento y disfrutar del presente sin indicativo con el gerundio alrededor.


quarta-feira, 4 de maio de 2016

Un cuento raro

El cuento que no se cuenta.



Decía tener la actitud de un poste y guardaba una charla imaginária de algunos años. Tres vinos, una respuesta, y una historia atípica de seis años más o menos . La gran verdad: una verguenza sin limites de su própria persona y  de la otra parte. El miedo es una trampa pero al mismo tiempo una arte.La paciencia, una compañera. El imposible, no existe. La sorpresa le pegó  como un cuchillo y la distancia vive acentuando el verbo extrañar.

quarta-feira, 27 de abril de 2016

La canción póstuma


        Catalina era una senõra culta de 73 años y llena de motivos para hacer de su vida un depósito de tristezas. Su marido tuvo un accidente y se fue al cielo cuando completaban diez años de casados. Su hijo falleció cuando tenía cuatro años, y a ella le faltaban motivos para tener la felicidad como una compañera clandestina. A la señora no le gustaban sus vecinos y nadie la comprendía. La radio era una especie de terapia. Le encantaba la música erudita, y un día había escuchado una composición de un famoso señor, llamado Alberto Ginastera que hizo su día más leve.

        Era amante de las lecturas de Borges y tuvo curiosidad cuando supo que su escritor favorito eligió morir en Ginebra. Decidió un día hacer un viaje. Lugar? Ginebra! Motivo? Saber la razón de Borges de  enamorarse por aquella tierra.

       Allá del mundo, buscó cosas diferentes, gente distinta y momentos que solamente el destino  podría regalarle. Estaba acerca de una feria y vio una guitarra antígua en una caja . Resolvió comprarla y llevársela como recuerdo. Volviendo a Argentina, empezó a hacer clases de guitarra. En la tercera clase encontró un billete dentro de la guitarra. Una hoja con muchas anotaciones musicales (una composición). Y abajo una nota: Gracias, Borges por el lindo encuentro. Te dejo una canción que he escrito en Ginebra pero no tuve tiempo de enviarte. Te  agradezco por el café y la inspiración…

    A la senõra le pareció raro, una nota de Alberto Ginastera con la letra de una composición que nunca fue grabada. Buscó profesionales, y descubrió que era una obra que antes de morir, la dejó y nadie nunca la encontró, incluso Borges, uno de los mayores amigos, y admiradores de su trabajo.

       La letra hoy se encuentra en un museo en Buenos Aires con la nota sobre la historia de cómo fue encontrada y un homenaje a este genio de la música erudita. Catalina ganó mucho dinero con este descubrimiento y fue a viajar por el mundo.

quarta-feira, 13 de abril de 2016


Soy..

Mezcla de norte y sur

estoy hecha de mitades distintas

a veces seria como los gauchos

a veces llena de risa leve como los indígenas.


Me pongo contenta con cosas simples

eso se lo agradezco a la naturaleza

incluso no creyendo mucho en los hombres,

existen esperanzas que me acercan.


Aunque  tenga muchas preguntas a la luna

ella tarda, pero me contesta  en su sombra nocturna.

Ahora me siento acostumbrada

y no me parece mal  su respuesta atrasada.


Es que cada uno tiene su ritmo,

y a mí me encanta  la sorpresa disfrazada.

sábado, 19 de março de 2016

Basado en otro cento.

¡Hola!


¡Las once! La costumbre de estar perdido en el tiempo me causa daños. ¿Qué día de la semana era? Paré frente ante un puesto de periódicos para leer la primera línea de un anuncio. Jueves. De diez a once, inglés; de once a doce, francés; de doce a una, física. Imaginé la clase de  inglés y me sentí, aun a distancia, descompuesto y deprimido.Veía  las cabezas de mis compañeros inclinadas  dolientemente mientras escribían en sus cuadernos los puntos que les recomendaban anotar: definiciones nominales, definiciones esenciales, ejemplos, fecha de nacimiento y de muerte con las críticas favorables y adversas contrapuestas a dos columnas. Pero mi cabeza no se inclinaba porque mis  pensamientos erraban lejos, y lo mismo si miraba a mis compañeros de clase, que al jardín desolado que por las ventanas se veía, me sobrevenía una sensación de olor a humedad triste de cueva, a vejez. Además de la mía había otra cabeza, allá, delante, en los primeros bancos que se levantaba, rígida sobre las otras inclinadas de sus compañeros, como la de un sacerdote que rogase orgullosamente ante el tabernáculo en favor de los humildes fieles posternados en torno de mí.