sábado, 19 de março de 2016

Basado en otro cento.

¡Hola!


¡Las once! La costumbre de estar perdido en el tiempo me causa daños. ¿Qué día de la semana era? Paré frente ante un puesto de periódicos para leer la primera línea de un anuncio. Jueves. De diez a once, inglés; de once a doce, francés; de doce a una, física. Imaginé la clase de  inglés y me sentí, aun a distancia, descompuesto y deprimido.Veía  las cabezas de mis compañeros inclinadas  dolientemente mientras escribían en sus cuadernos los puntos que les recomendaban anotar: definiciones nominales, definiciones esenciales, ejemplos, fecha de nacimiento y de muerte con las críticas favorables y adversas contrapuestas a dos columnas. Pero mi cabeza no se inclinaba porque mis  pensamientos erraban lejos, y lo mismo si miraba a mis compañeros de clase, que al jardín desolado que por las ventanas se veía, me sobrevenía una sensación de olor a humedad triste de cueva, a vejez. Además de la mía había otra cabeza, allá, delante, en los primeros bancos que se levantaba, rígida sobre las otras inclinadas de sus compañeros, como la de un sacerdote que rogase orgullosamente ante el tabernáculo en favor de los humildes fieles posternados en torno de mí.

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